Región Centroamericana

Covid-19 agrava la precaria situación de los habitantes del Trifinio

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El territorio fronterizo que comparten El Salvador, Honduras y Guatemala, conocido como Trifinio, es una de las zonas más pobres del Hemisferio Occidental. Allí las condiciones de vida de la población, en su mayoría indígena, son indignas del siglo XXI y la desnutrición infantil es rampante.

Ahora una iniciativa conjunta entre la Unión Europea (UE), el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y la Mancomunidad Trinacional Fronteriza del Río Lempa (MTFRL) ayudará a 1.500 familias a mitigar los problemas de inseguridad alimentaria y nutricional, agravados por la pandemia de Covid-19.

Héctor Alonso Aguirre, gerente general de la Mancomunidad -una entidad legalmente constituida de derecho público que implementa políticas públicas locales transfronterizas-, se refirió a la situación en la zona y el impacto que se espera de este plan de acción conjunto.

¿Cómo describiría la situación actual del territorio bajo la Mancomunidad?

En general en la región Trifinio el hambre es endémica. Hace más o menos 25 años fue declarada una hambruna en la región de la etnia chortí de Guatemala y las condiciones no han cambiado considerablemente.

En algunas comunidades indígenas de Olopa -en el departamento guatemalteco de Chiquimula-, donde hemos estado haciendo entrega de alimentos, usted encuentra por ejemplo una choza de lodo donde ellos se resguardan de las inclemencias climáticas, con techo y paredes de paja. La cocina que está a un lado tiene dos cacerolas viejitas, un fogón de leña hecho con cuatro ladrillos, y es el área donde también descansan. No disponen de letrinas, hay dos adultos y siete niños y no tienen nada qué comer, lo que llevamos nosotros es tal vez lo que les va a permitir subsistir en los próximos 15-20 días. A unos 15 metros tiene otro vecino, sin letrinas, imagine cómo se van regando los excrementos… es difícil entender esa dimensión humana. Y es uno de tantos casos.

Cuando falta alimento en la mesa sufre la familia entera pero los niños sufren más; esto provoca que no se desarrollen bien, que tengan bajo peso, que sufran enfermedades como el Kwashiorkor -por no consumir suficientes proteínas- y otras.

Un fenómeno como la pandemia de Covid-19 potencia esos problemas. Por ejemplo, se han disparado ahorita los casos de desnutrición aguda, y un niño menor de cinco años con desnutrición aguda es un niño camino a la muerte. En 10, 15 días puede estar muerto.

Como la zona es muy montañosa los terrenos no son propicios para producción agrícola; sin embargo, la única tierra disponible para los productores es esa y ellos siembran en tierra de ladera. Entonces año con año la siembra de maíz y de frijol, que son cultivos de subsistencia, provocan un desgaste de las condiciones del suelo y al cabo de tres o cuatro años de cultivo lo que queda es un manto rocoso. Y si usted le suma los efectos del cambio climático que en los últimos cinco años han impactado la región, eso empeora la situación.

Los habitantes tienen que recorrer largas distancias para ir a la cabecera municipal, en un vehículo o caminar, lo cual les puede tomar medio día. Son condiciones muy adversas para estas familias.

¿Cómo ha agravado la pandemia de Covid-19 la situación en la región?

Al cerrarse la economía y los mercados de los países, muchos pequeños agricultores que tenían algo de producción la perdieron. Se perdieron cultivos por falta de trabajadores y de mercados. Para empeorar las cosas, además de estar cerrada la economía y limitada la movilización laboral, muchos agricultores perdieron su siembra cuando a la par del fenómeno de Covid-19 llegaron las tormentas tropicales Amanda y Cristóbal, que lavaron los suelos, y tuvieron que volver a sembrar.

El otro factor es que, al no poder salir a trabajar, la relación ingresos-trabajo se ve afectada porque muchos de estos agricultores venden su mano de obra. Esto provocó que muchas familias en abril-mayo estuvieran sin comida. Varias instituciones comenzaron a entregar alimentos, nosotros lo hicimos en julio, entre todas se ha podido paliar la situación de la disponibilidad de alimentos.

Tenemos datos de inseguridad alimentaria de mayo, que ya refleja el efecto de Covid-19. En octubre de 2019 hicimos un análisis que arrojaba que teníamos 120 mil personas en condiciones de crisis alimentaria de fase 3 (crisis) y fase 4 (emergencia), a las puertas de la fase 5, que es hambruna. En mayo encontramos que aumentamos un 15-20% a 140 mil familias afectadas en condiciones de crisis alimentaria.

¿Qué impacto esperan obtener con la implementación de este plan que une a la UE, al SICA y al IICA?

El plan beneficiará a 1500 familias de 17 municipios de tres países: cuatro en El Salvador, cinco en Honduras y ocho en Guatemala.

Con estas familias, más unas que ya venimos atendiendo a través del programa Euroclima de la Unión Europea, tenemos una capacidad de respuesta de beneficiar a alrededor de 10 mil personas en los tres países, para que de alguna forma puedan recuperar su capacidad productiva y puedan enfrentar de mejor manera esta crisis sanitaria.

Este esfuerzo es importante porque está orientado a recuperar un poco la producción agrícola en manos de las familias más vulnerables. La primera parte consiste en apoyar la producción de granos básicos como maíz y frijol, la otra es apoyar la producción en huertos, dotar a las familias de conocimientos para que utilicen su patio con vistas a mejorar su capacidad de producción alimentaria familiar.

Además, se les va a proveer con semillas de libre polinización o semillas locales que permitirán producir entre cinco y siete variedades de hortalizas en patio, plantas con alto valor nutricional, como la yerbamora, porque estamos en un territorio del corredor seco y las condiciones climáticas pueden no ser tan favorables en el segundo año.

En Centroamérica hemos perdido la relación con la naturaleza en todas las dimensiones; hace muchos años nuestros padres tenían la costumbre de sembrar en nuestras casas plantas medicinales o alimenticias en su jardín; hemos ido perdiendo eso hasta el punto de que nuestro huerto, jardín, o patio no es una zona de producción alimentaria, por eso estamos intentando retomar ese tipo de prácticas de alguna forma ancestrales. Se están perdiendo esas costumbres, es rara vez que usted come una sopa de chipilín (leguminosa típica de Centroamérica y el sur de México), por poner un ejemplo.

La tercera acción es que se va a dotar a un porcentaje de las familias de un lote aviar de 10 gallinas criollas locales y dos gallos, de alta resistencia, para proveer la proteína animal como el huevo. Ya estamos implementando estas acciones en algunas familias y con el plan del IICA vamos a incorporar más, para un total de 3 500 familias que van a tener acceso al huerto, al lote aviar.

¿Qué retos implica la implementación de este proyecto?

Las acciones conllevan asistencia técnica con las dificultades que implica la pandemia -esta no ha cambiado, excepto que estamos en la calle y usamos mascarillas- con nuevos métodos, como el modelo de capacitación de cascada -se capacita a líderes y estos a otros y ese segundo grupo a otros más-; estamos pensando cómo brindar la asistencia técnica de manera que reduzca el contacto entre las personas.

Hay que tener en cuenta los altos niveles de analfabetismo. Muchas familias hablan lenguas indígenas; entienden el español, pero no lo hablan. Estamos reinventándonos para llevarles la ayuda. Nuestro trabajo a nivel de desarrollo rural es de altísima interacción social, que la rompe Covid-19 y todo lo que implica el distanciamiento social. Para poder mejorar las condiciones de una comunidad tienes que meterte en ella y lograr junto con la comunidad las fases de desarrollo que puede implicar un proceso con la gente.

Cuando hay esas condiciones que se rompen por una pandemia prácticamente es como que dejas a ese pueblo atrás, y tienes que reinventarte para regresar por ellos, a la vez que reduces los contactos entre todos.

Nos parece importante que el IICA tome en cuenta a la Mancomunidad como una entidad que está haciendo su propio esfuerzo en un territorio donde estamos juntos. Nos alegra trabajar juntos y ojalá nos mantengamos colaborando.

Estos son los municipios intervenidos en el plan de acción:

El Salvador:

Departamento de Chalatenango

1.- Dulce Nombre de María

2.- San Fernando

3.- Citala

Departamento de Santa Ana

4.- Candelaria de la Frontera

Por Honduras:

Departamento de Ocotepeque

5.- Ocotepeque

6.- Sinuapa

7.- Santa Fe

8.- La Labor

9.- Sensenti

Por Guatemala

Departamento de Chiquimula

10.- Esquipulas

11.- Olopa

12.- Jocotán

13.- Camotán

14.- San Juan Ermita

Departamento de Jutiapa

15.- El Progreso

16.- Santa Catarina Mita

17.- Asunción Mita

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